mentalidad empresarial

Pasar de mentalidad de autoempleo a mentalidad empresarial

Desde hace mucho tiempo existe la duda de ¿un emprendedor nace o se hace? La verdad es que la mentalidad empresarial es algo que podés desarrollar con el tiempo, porque así como existe el “gen viajero” también está latente por allí el “gen emprendedor”.

Seguro te estarás preguntando a qué nos referimos exactamente, y la respuesta es muy sencilla: tener mentalidad empresarial se traduce en el simple hecho de saber adaptarse a las vicisitudes que se presentan cuando emprendes. En otras palabras, es salir adelante y sacar la parte buena en los momentos difíciles, así como saber mantener el control cuando el negocio va bien.

Es importante que tengas muy en claro que emprender es un proyecto vital (por “vital” nos referimos a que el reto dura toda la vida); así que te recomendamos que lo enfoques a largo plazo. Siempre existe algo nuevo que aprender, probar, medir, iterar, y optimizar.

Sobre todo, siempre hay alguien más a quien podés ayudar. Esa vocación de aportar valor real es la clave de la mentalidad emprendedora. No es una misión sencilla cultivar una mentalidad empresarial tras haber sido un empleado común por mucho tiempo. No basta solo con tener las ganas, necesitás mucho más que eso y a través de este artículo te ayudaremos a descubrir lo que tenés que hacer.

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¿Qué hacer para cultivar una mentalidad empresarial?

Lo primero es procurar un cambio de actitud que sea verdaderamente significativo, definir el objetivo que perseguís y el estilo de vida que deseas alcanzar. Es decir, si lo que querés es montar una empresa para ir en busca de ese anhelo; o si por el contrario estás convencido de que con lo que sabés hacer siendo empleado te sirve y te alcanza para vivir bien.

Te ponemos un ejemplo: Si sos de los que le gusta viajar, conocer, explorar sabés también que desde tu posición no podrá ser posible, en primer lugar por el factor tiempo y en segundo porque el dinero de un sueldo mensual no rinde para tanto.

Así que allí tenés un objetivo (viajar) y la forma de materializarlo para alcanzar ese estilo de vida que querés, definitivamente no es bajo una relación de dependencia laboral. Es aquí donde te sugerimos: luchá por tu objetivo, y si eso implica que tengas tu propia empresa, pues hacelo.

Como bien decíamos al principio, no basta tan solo con querer, pues es necesario que tengas en cuenta otros factores de vital importancia, como por ejemplo: pensar en la facturación de la empresa y no en el sueldo. No podés pensar en administrar lo poco cuando ni siquiera estás generando más, pero si ponés foco en la facturación y te proyectás cómo multiplicarla para crecer de verdad, te irá mucho mejor que si solo pensás en la platita que te llevarás a fin del mes.

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Cuando te decimos que pienses en la facturación nos referimos también a la inversión, porque la realidad es que para ganar hay que invertir.

Por otra parte, tenés que mentalizarte y trabajar en el porcentaje de rentabilidad que estás buscando; ese número por el que querés trabajar, (limpio) después de haber pagado los sueldos, los recursos, la oficina. Después de todo esto, establecerte un sueldo. Porque más allá de que la empresa sea tuya, hay una realidad ineludible y es que tu tiempo vale, así que tenés que contemplarlo como un costo de valor/hora.

Un error muy común es sacar el sueldo que te toca de la rentabilidad, y eso no se puede ni se debe hacer. Tu sueldo como propietario de la empresa debe estar metido en el costo, completamente aparte de la rentabilidad.

Otra de las cosas que tenés que hacer para desarrollar una mentalidad empresarial, es analizar tus procesos constantemente y animarte a hacer los cambios necesarios que te acerquen al objetivo. Sacar adelante una empresa no es tarea fácil, la cotidianidad agobia y puede llegar a lograr que te olvides de tu objetivo ¡No lo permitas!

Lo que le sigue…

Una vez que trabajaste sobre todo lo que te acabamos de describir, se viene otro proceso importantísimo el de crear tu equipo de trabajo, en el que vas a delegar todas las tareas que no generen ingresos para que vos puedas encargarte de aquellas que si los fomenten o promuevan.

Ellos tendrán la importante responsabilidad de hacer cada día algo proactivo, que oriente al logro de los objetivos. Ahí está parte de la clave, en tanto que ellos se acerquen a eso, vas a poder ocuparte de concretarlos y hacer crecer juntos la empresa.

En otras palabras, mientras tu equipo lleva a cabo las labores rutinarias, vos te ocupás de reunirte con potenciales clientes, generar leads, mandar leads, generar contenidos para posicionar tu marca personal, entre otras.

Otra de las cosas que tenés que considerar para proyectar una verdadera mentalidad empresarial es revisar los productos y servicios actuales, entender qué rentabilidad tiene cada uno y ver cómo mejorarlos.

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A partir de allí se genera un punto súper importante, mentalizar que no todos los servicios tienen la misma rentabilidad; es por ello que a veces toca repensar en todos y cada uno de los servicios que desde tu empresa ofreces a tus clientes, para decidir si los vas a relanzar, redefinir o anular.

Lectura recomendada: Aprendé a desarrollar una estrategia de marca personal

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